Necesito alguien que me emparche un poco
y que limpie mi cabeza,
que cocine guisos de madre,
postres de abuela y torres de caramelo.
Que ponga tachuelas en mis zapatos
para que me acuerde que voy caminando,
y que cuelgue mi mente de una soga,
hasta que se seque de problemas y me lleve...
Y que esté en mi cama viernes y domingos
para estar en su alma todos los demás días de mi vida.
Y que me quiera cuando estoy, cuando me voy cuando me fui,
y que sepa servir el té, besarme después y echarse a reir.
Y que conozca las palabras que jamás le voy a decir
y que no le importe mi ropa, si total me voy a desvestir
para amarla, para amarla.
Si conocen alguien así
yo se los pido,
que me avisen porque es así
totalmente quién necesito.
Esta canción hace poco que volví a escucharla, y no es que me trajo un momento sólo en particular, sino que me sonaba alegremente conocida y cuando pregunto de dónde la conozco mi mamá me dice que me la cantaba siempre cuando era chica porque a ella le gustaba. Por lo cual, además de tener una hermosa letra y melodía, pasa a ser parte de mi vida. Y ahora la estoy escuchando todo el tiempo y me fascina, así que probablemente en unos años no sólo me haga acordar a mi infancia, sino también a estos días de adolescencia.
